domingo, 14 de mayo de 2017

MUJER ALTA EN LA CALLE, VISTA EN COMPAÑÍA DE CUATRO HOMBRES MÁS BAJOS – 1



MUJER ALTA EN LA CALLE, VISTA EN COMPAÑÍA DE CUATRO HOMBRES MÁS BAJOS – 1
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Por Esper, esper_cl@yahoo.es





Joel obtiene un nuevo trabajo que le permite encontrarse con una antigua compañera de básquetbol, muy alta y fuerte. Eso da pie para muchas vivencias, especialmente por cuanto se está divorciando.


JOEL POSTULA A UN NUEVO TRABAJO – VE A LA MUJER ALTA


Todo empezó cuando en un mes de abril, Joel acudió a una entrevista de trabajo, en una empresa situada en un lugar de Santiago de Chile conocido informalmente como “Sanhattan”. Ese apelativo es una mezcla de las palabras Santiago y Manhattan. Se le llama así porque en los últimos años se ha llenado de edificios corporativos modernos, hoteles, y restaurantes para hacer negocios.   


Al recorrer un tramo por la avenida, vio que delante de él, caminando a unos treinta metros, iba un grupo compuesto por cuatro hombres y una mujer.  Lo que llamaba la atención era la gran estatura de la mujer. Era más alta que todos los hombres del grupo. El que la seguía en tamaño medía unos en unos diez centímetros menos.  El que caminaba al costado de ella medía unos veinte centímetros menos.  Ella llevaba el pelo tomado. Pese a la distancia Joel pudo apreciar que la mujer tenía pelo castaño, y su tez era clara.  Estaba con minifalda, llevaba medias oscuras y en la parte superior estaba con un blazer azul. A todas luces la mujer y los cuatro hombres se dirigían a almorzar, en medio de la jornada de trabajo.  Ella iba caminando en el extremo izquierdo del grupo, en el lado opuesto a la calzada. 


La entrevista era en una línea aérea, para un cargo en el área finanzas, para el cual él tenía estudios y experiencia. Estuvo conversando más de una hora con su posible futuro jefe, y otra media hora con el gerente del área. Al terminar las entrevistas se le dijo que dentro de un día o dos se la daría una respuesta a su postulación. 


Salió del lugar y se dirigió al ascensor. La mujer alta que vio caminando estaba en el pasillo en compañía de otra mujer. Joel la reconoció de inmediato como la mujer que había visto en la calle, por lo alta, su minifalda y medias.  Ambas mujeres llevaban carpetas en la mano, por lo que se podía suponer que iban a una reunión.  La sorpresa vino cuando se miraron a los ojos, y él y la mujer alta resultaron conocidos. Se miran y se reconocen. Su nombre es Maribel, y se conocieron veinte años atrás.


JOEL: ¡Maribel! Holaaaa

MARIBEL: ¡Joel! ¡Qué sorpresa!


Se abrazan y besan en la mejilla.


MARIBEL: ¿Qué haces acá?

JOEL: Tuve una entrevista. Estoy postulando a un cargo en el área de finanzas. ¿Y tú?

MARIBEL: Mira que bien. Yo trabajo en el área de recursos humanos.

JOEL: Es toda una sorpresa que nos encontremos acá.

MARIBEL: Espero que entres trabajar a esta empresa.


En ese momento llegó al ascensor. Iba hacia arriba, dirección que tenía que tomar Maribel. Joel tenía que esperar el ascensor de descenso. 


MARIBEL: Me tengo que ir rápido a una reunión. Mi anexo es el 2257. Llámame y conversamos, ya sea que entres o no a la empresa.


JOEL: Muy bien.


Se despidieron con un beso en la mejilla. Ella se tuvo que inclinar un poco pues medía cinco centímetros más que Joel.  Después de que se separaron, Joel se quedó pensando en ella. Habían jugado básquetbol en el mismo club cuando eran jóvenes.  Le costó reconocerla cuando la vio caminando con tenida formal con el pelo tomado, un rato antes.  La recordaba con el pelo a los hombros, normalmente suelto.  Solo se lo amarraba con cola de caballo en los partidos y entrenamientos.  Siempre usaba jeans y ropa juvenil. 


VEINTE AÑOS ANTES


Joel y Maribel se conocieron jugando básquetbol en un club, en la ciudad de Concepción en la que vivían, y de la que ambos son oriundos.  En Chile el básquetbol se practica mucho desde  Concepción hacia el sur. La explicación es la lluvia y el frío que son más frecuentes que en la zona central. El básquetbol se puede practicar en lugares techados, en tanto que para otros deportes como el fútbol y el tenis, las condiciones climáticas son más adversas por la lluvia 


Él estaba en la Universidad cuando Maribel entró a jugar al club. Para entonces ella cursaba el último año de colegio.  Siendo los dos altos, escogieron ese deporte. Con todo Maribel era más alta de los dos con un metro noventa de estatura.  También era las más alta del equipo femenino y una de las jugadoras más altas del ambiente del básquetbol femenino de Chile. Joel, con su metro ochenta y cinco,  estaba dentro del promedio de los jugadores del equipo masculino.  Eran muchos los compañeros de equipo que lo superaban en altura. De las mujeres, dos eran más altas que él, incluyendo a Maribel. 


Él comenzó a tener problemas para asistir a los entrenamientos por los estudios que estaba llevando.  Eso implicaba que a veces no estaba en condiciones de jugar en los partidos por no haber entrenado lo suficiente. Por ello, el coach le ofreció que fuera sparring. Entendía que Joel tenía problemas de tiempo, pero no quería perderlo del equipo, y necesitaba sumar personas. La idea de ser sparring le gustó a Joel, especialmente porque iba a serlo del equipo de mujeres del club. Esto significaba que él iba a jugar en los partidos de entrenamientos de damas, tanto en la defensa como en el ataque. También iba a participar en ejercicios de entrenamiento, fuera de los partidos. Fue así como se fue haciendo amigo de Maribel, y de otras chicas que jugaban. 


Parte del entrenamiento consistía en ponerse delante de una jugadora para evitar que ella avanzara y encestara.  Varias veces le tocó ponerse delante de Maribel. Al principio ella no lograba pasarlo, y Joel siempre lograba impedir que ella lanzara, pese a ser más bajo. Sin embargo, el entrenamiento surtió efecto, y Maribel empezó a pasarlo y encestar. Aprendió a aprovechar su gran estatura, y uno de sus logros fue poder saltar en el momento oportuno.

En cierta oportunidad, en un partido de entrenamiento, los dos chocaron. Maribel avanzó de espaldas al defensa, luego se dio vuelta, saltó, lanzó la pelota al aro, y logró encestar. Joel también saltó para oponerse, y al caer chocaron en el aire. Maribel cayó bien, pero Joel trastabilló y terminó en el suelo.  El partido se detuvo momentáneamente. Maribel le tendió la mano y lo ayudó a levantarse. Le bastó una mano para levantarlo. Así él comprobó doblemente la fuerza que tenía.  


En otra ocasión, después de un entrenamiento, las chicas empezaron a cargarse las unas a las otras en la espalda. Eran todas fuertes y deportistas, de modo que podían hacer eso sin dificultad. El entrenador reía, pero les dijo que tuvieran cuidado. Un mal movimiento podría significarles una lesión o un dolor lumbar. Maribel, que era la más alta y quizás la más fuerte, no tuvo ese problema.  Alguien le dijo que cargara a un hombre. El que estaba más cerca era Joel, quien a la fecha pesaba ochenta kilos. 


Maribel lo cargó sin dificultad. Después de eso, lo cargó en sus hombros repartiendo el peso.  No tuvo dificultad en hacerlo. Una compañera de equipo, llamada Julia le dijo:  “ te apuesto que no puedes dar la vuelta a la cancha cargando a Joel”. 


MARIBEL: ¿Y qué apostaríamos?

JULIA: La que pierde invita a la otra a comer un sándwich y una cerveza en la fuente alemana. 

MARIBEL: ¡Trato hecho!


Ella se volvió a agachar y cargó a Joel en sus dos hombros. Luego comenzó a caminar en torno a la cancha de básquetbol.  Cuando completó a la vuelta, no bajó a Joel sino que lo mantuvo cargado y comenzó a conversar con Julia y las otras chicas. Todas reían. Se veía que podía seguir un buen rato con él, mostrando su gran fuerza y resistencia. 


Desde entonces se produjo un especie de flirteo entre ambos. A él ya le atraía el tamaño de ella, y el conocer su fuerza en el pequeño accidente le atrajo aún más. Joel era dos años mayor que Maribel. Cuando ocurrió ese encontrón él tenía veinte años y ella dieciocho. Él  tenía novia entonces, lo que Maribel sabía, pero para ninguno de los dos resultó ser un impedimento el mirarse y gustarse.  


A fines de ese año, Maribel se fue a vivir a Argentina porque su padre fue trasladado en su trabajo. Ella misma le pidió a Joel que se juntaran a comer un sándwich  y una bebida, los dos solos, como despedida. Lo hicieron en un lugar en la cerca de la casa de ella. Cuando terminaron, ella lo acompañó  para que tomara el bus de vuelta a su casa.  Antes de irse se abrazaron fuerte, se besaron varias veces en la mejilla. Luego, ella le puso los labios y él la besó en esa parte. Fue un acto totalmente espontáneo, y a ninguno de los le pareció una infidelidad.


DE VUELTA AL PRESENTE


Finalmente Joel entró a trabajar a la empresa, una semana después del día de la entrevista. Llamó a Maribel para contarle, y ella se puso muy contenta. Quedaron de juntarse para recordar viejos tiempos. Intercambiaron números de teléfono y correos.  En las primeras conversaciones Maribel le contó que llevaba un año separada, y Joel contó que su matrimonio andaba bastante mal.

Pasó otra semana y Maribel llamó a Joel para concretar la idea de reunirse los dos.


MARIBEL: Hay un sitio a cuatro cuadras de la empresa, el que abre muy temprano. Podríamos tomar desayuno antes de venirnos a trabajar.

JOEL: Me parece una excelente idea. ¿Quieres que nos juntemos mañana mismo?

MARIBEL: Sí. ¿Puedes estar a las 7:30?

JOEL. Claro que sí.       
        

Así lo hicieron. Conversaron mucho de lo que había sido la vida de cada uno.

Maribel estaba recién separada y tenía una hija de trece años.  Se había casado con un argentino y se había establecido en Chile una vez que se casaron, hace quince años. Estudió contabilidad en Buenos Aires, y de regreso a Chile hizo cursos de especialización en recursos humanos, coaching , y temas afines.  Sus padres habían vuelto a Chile y eran una gran ayuda para cuidar a su hija, una vez que se separó.


JOEL: ¿Cómo se llama tu hija? ¿Es alta y juega básquetbol?

MARIBEL: Se llama Belén. Se ha dedicado más al atletismo, aunque también juega básquetbol.  Ya está cerca del metro ochenta a sus trece años. El doctor calcula que va a medir entre uno  ochenta y dos y uno ochenta y cuatro.  Su papá mide uno ochenta.

JOEL: O sea es diez centímetros más bajo que tú. Si mal no recuerdo mides uno noventa.

MARIBEL: Así es. Hace poco me medí en el médico, y mido lo mismo de siempre. Esa altura la tengo desde los dieciocho años.  A los trece ya superaba el metro ochenta.

JOEL: Yo debo haberte conocido a los dieciséis, y ya se notaba que eras más alta que yo. Yo soy dos años mayor que tú, y cuando te conocí ya tenía mi estatura definitiva de uno ochenta y cinco.

MARIBEL: Así lo recuerdo.

JOEL:  Todavía me acuerdo cuando chocamos en entrenamiento, y terminé en el suelo.

MARIBEL: jajajajajaa. Creo que los dos siempre lo vamos a recordar.  Y gracias a ti, aprendí mucho de como jugar.

JOEL: Gracias, me honra lo que me dices. Al principio me era fácil detener tu avance, pero fuiste aplicando nuevas técnicas, y después te era fácil pasarme. Supiste aprovechar tu estatura. Y tu fuerza…


Ella sonríe y le hace una caricia en la mano. En ese momento estaba con el pelo suelto, y del mismo largo que Joel recordaba que ella usaba. 


JOEL: Me imagino que también te acuerdas cuando me cargaste y diste conmigo una vuelta a la cancha.

MARIBEL: Jajajajajajaa. Imposible no recordarlo.

JOEL: Nos impresionaste a todos con eso.

MARIBEL: Lo sé, pero no me pidas que te lleve cargando a la oficina.

JOEL: ¿Crees que podrías hacerlo?

MARIBEL: No sé si podría dar una vuelta a la cancha contigo cargado, pero de que te podría cargar en mis hombros sin dificultad, claro que podría. 


Ambos ríen con ganas, al recordar la cargada.  Él pensó que ella se seguía viendo fuerte, aparte de lo alta, y si intentara las misma proeza de nuevo, con seguridad  lo lograría.

JOEL: Y en Buenos Aires, ¿jugabas básquetbol? 


MARIBEL: Claro que sí. Mucho. Jugaba en el club de la misma universidad en la que estudiaba. Por mi estatura y forma de jugar se interesaron rápidamente en mí. Lo dejé recién cuando quedé esperando a mi hija.

JOEL: ¿Y has vuelto a Concepción?

MARIBEL: La última vez fue hace como cinco años. Mis papás también viven en Santiago. ¿Y tú?

JOEL: Voy todos los años, ya que sigo teniendo familia allá.

MARIBEL: Cuéntame de ti y de tu familia actual.

JOEL: Bien. Tengo dos hijos mellizos, hombres los dos, de dieciséis años.

MARIBEL: ¿Cómo se llaman? ¿Hacen deportes?

JOEL: Se llaman Ignacio y Nicolás. Los dos juegan al fútbol, y rugby últimamente.

MARIBEL: ¿Y tu esposa? ¿Es aquella chica que tenías cuando entrenábamos?                    

JOEL: No. Con ella terminamos al poco tiempo de que te fuiste. A mi esposa actual, la conocí estudiando inglés en un curso.  Nos casamos cuando yo tenía veinticinco años. Al año de casados nacieron los mellizos.  Ella es de mi edad. 

MARIBEL: Yo acabo de cumplir cuarenta años. Tú debes tener cuarenta y dos. 

JOEL:  Exactamente. Tengo cuarenta y dos

MARIBEL: ¿Y qué tal tu experiencia de matrimonio?

JOEL: ¿Quieres que te conteste sinceramente?

MARIBEL: Obvio. Cuéntame lo que quieras contar.

JOEL: Ya que me lo preguntas, en los últimos dos años ha andado pésimo.  

Ella lo quedó mirando, como para que el siguiera hablando. Optó por no hacer preguntas.

JOEL: Nos llevamos muy mal. Discutimos mucho. No nos ponemos de acuerdo.  A veces me critica en presencia de nuestros hijos. Su nombre es Lourdes.

MARIBEL: ¿Ella trabaja?

JOEL:  Sí, su familia tiene tres hoteles, y Lourdes trabaja en la administración. Los dueños son sus padres. Son dos hermanas y las dos trabajan en la administración de los hoteles. Hace seis meses quedé sin trabajo y me puse a trabajar con la familia de mi señora. Créeme que no fue una buena experiencia.   Por eso me puse a buscar un nuevo trabajo, hasta que encontré este. Y me saqué un gran peso de encima.

MARIBEL: ¿Qué fue lo que no te gustó?

JOEL: Que estaba en una posición inferior, tanto en sueldo, como en autoridad. Me hacían sentir como inferior a ellos. Además, me dejaron claro que nunca iba a participar en la dirección de su empresa. Ella me daba órdenes y me controlaba.  Eso tensionó nuestro matrimonio, pero a mi señora no pareció importarle.

MARIBEL: ¿Has pensado en divorciarte?

JOEL:  Claro que lo he pensado. Eso quiero. Pero Lourdes  es tan complicada que si llego a pedírselo puede que quiera  problemas por puro gusto. La conozco. Y eso que lo más probable es que quiera divorciarse.

MARIBEL: ¿Tienes una foto de ella? Tengo curiosidad de ver como es. 


Él buscó en su celular y le mostró una foto en la cual estaban los cuatro. Lourdes se veía como una mujer morena espigada, muy guapa y distinguida, a juicio de Maribel.  


JOEL: Esa foto es del año pasado. Los mellizos ya me están alcanzando. Creo que van a ser un poco más altos que yo.  Mi esposa es alta, pero no como tú. Mide uno setenta y siete. 


Vieron la hora, y eran las 8 30, momento para que se fueran a la oficina.  Se pusieron de pie, se abrazaron y besaron largamente en la mejilla. Se tomaron de las manos. Ella luego se tomó el pelo con una traba, después de haberlo tenido suelto durante toda la conversación.  


MARIBEL: Ha sido muy rico este desayuno compartido. Podemos seguir haciéndolo de vez en cuando.

JOEL: De acuerdo. Hay que repetirlo.

MARIBEL: ¿Nos vamos juntos o separados a la oficina?

JOEL: Vámonos juntos. No veo problema.

MARIBEL: Bien, pero no nos despidamos de beso cuando hayamos llegado a la oficina.


ESE MISMO DÍA EN LA NOCHE.


Después del trabajo, Joel llegó a su casa.  El haberse juntado con Maribel en la mañana, tuvo un efecto positivo en su ánimo.  Pensó que el desayuno que tuvo con ella, contrastaba con el ambiente poco grato con su esposa.  Llegó como a las ocho de la noche a su casa. Saludó a sus hijos y luego fue al dormitorio, donde estaba su esposa viendo televisión. Se saludan con un frío “hola”. Se acerca a darle un beso. Ella lo acepta, pero no era tan cariñoso como lo era hacía años. Ella notó que él estaba especialmente de buen ánimo.


LOURDES: Te ves de buen ánimo…

JOEL: Claro, es que tuve un buen día.

LOURDES: ¿y cuál es la razón?

JOEL: Es que tuvimos una reunión en el departamento, y varias propuestas mías fueron acogidas. Sirvió que yo hubiera trabajado en un banco antes.


Lo que dijo Joel era cierto, pero no le quiso decir a Lourdes que también el desayuno con Maribel era una razón para su buen ánimo.  


LOURDES: Ojalá que dures en ese trabajo…


Ese comentario tomó por sorpresa a Joel, y le desgradó bastante.


JOEL: ¿Y a qué viene ese comentario?

LOURDES: Es que al final te echaron del banco.

JOEL:  A ver. Duré quince años en ese banco, hice carrera, y como sabes me desvincularon porque mi banco fue fusionado con otro.

LOURDES: Sí, pero si hubiera sido más político de habrías quedado.

JOEL (molesto):  Nada te pone contenta. Te pones muy desagradable. Deberías estar contenta porque tengo un nuevo trabajo, pero nada.

LOURDES: Es que aprendí a ser exigente. Lo siento si no te gusta.

JOEL: Cuando siempre has trabajado en la empresa de tus papás, y eres directora por herencia, es muy fácil ser exigente.

LOURDES: Bueno. Tú te quisiste casar conmigo, y soy así.

JOEL: Lo mismo puedo decir yo. Y lo que más quisiera es llegar a mi casa y no tener estas peleas que a ninguna parte llevan.


Siguieron discutiendo sin ponerse de acuerdo. Joel optó por salir un rato. No volvió muy tarde, y al hacerlo se fue a dormir al cuarto de alojados. Estaba en sus planes tener sexo, pero optó por ni siquiera acercarse a su esposa. Esa forma de ser de Lourdes era divertida cuando eran novios. A veces los dos reían de lo fregada que era. Después de años, esas actitudes habían perdido totalmente su simpatía.  Pensó en ese momento en lo distinta que era Maribel. De inmediato le vino la idea de tener algo con ella.


DIAS  Y SEMANAS SIGUIENTES


Lourdes se disculpó con Joel porque reconoció que había sido dura con él. Una molestia en su trabajo hizo que estuviera especialmente complicada. Él aceptó las disculpas y eso implicó una calma de algunos días. Con todo, estaba seguro que las desavenencias matrimoniales no se habían terminado, y probablemente nunca se terminarían. Comenzó a pensar seriamente en el divorcio. Se le pasó por la mente que Lourdes querría lo mismo.


El fin de semana siguiente Lourdes le propuso que salieran a almorzar parrilladas en las afueras de Santiago con sus hijos.  Joel le dijo que francamente temía que la salida se convirtiera en algo desagradable para todos, por los comentarios duros de ella. Ella aceptó evitar esos comentarios. Finalmente fueron a almorzar los cuatro a las afueras. No hubo comentarios desagradables, pero el ambiente estuvo bastante frío, muy distinto al de otras épocas familiares.


Con Maribel siguieron en contacto. Se juntaban en el mismo sitio a tomar desayuno antes del trabajo. Eso lo hacían unas tres veces al mes. Con ella,  Joel compartía algunos de los problemas que tenía con su esposa. Sin embargo, prefería que hablaran de temas más positivos, como el trabajo, sus proyectos, e incluso los chismes de la empresa.  El básquetbol desde luego era un tema que les gustaba.  Él no quería que Maribel fuera su paño de lágrimas ni su consuelo, aunque reconocía que le gustaba mucho y estaba llenando una parte de su vida.  Conversaban por celular día por medio, y estaban al tanto el uno del otro.


Un día de semana después del trabajo Joel y Lourdes fueron juntos al supermercado a hacer las compras para la quincena. Era una costumbre que tenían por años. Estaban en el pasillo de las conservas de atún, cuando repentinamente ven a Maribel.  Joel la saluda de beso y las presenta con su esposa.


JOEL: Lourdes, ella es Maribel. Trabaja en la empresa en Recursos Humanos,  y por coincidencia nos conocimos en Concepción porque jugábamos básquetbol en el mismo club. Maribel, ella es Lourdes mi esposa.


Se saludan cordialmente con un beso en la mejilla. Comentan un par de cosas con relación al supermercado y se despiden. Lourdes parece notar que hay una afinidad entre Joel y Maribel, pero nada dice. Después de que se alejaron Lourdes comenta “¡qué alta es esa mujer! Es lógico que la conocieras del básquetbol. ¿Cómo es que se llama? ¿Maribel?”. Joel le responde que efectivamente su nombre es Maribel.


El matrimonio seguía mal, y comenzaron a hablar de divorcio. Primero fueron indirectas en la cual se decían cosas como que a veces estaban  mejor el uno lejos del otro.  Luego reconocieron que no estaban bien, y eso ocurría en general y no solo “a veces”.  Llegó el momento en el cual empezaron a planificar el divorcio, y a iniciar los trámites.  Desde un momento convinieron en que ella se quedaría en la casa con los mellizos, y él se iría a vivir solo a un departamento.  A Joel le correspondería pagar la educación de sus hijos, y ella correría con los gastos de la casa. No hubo mayores desacuerdos en la parte económica del divorcio.  


Un día viernes Maribel le contó a Joel que una prima le había presentado a un amigo y que iban a salir juntos. Joel le preguntó si el tipo le interesaba y ella le contestó que era posible y que tenía que estar abierta a conocer gente. Le dijo que ya llevaba un año de separada, ella y su hija lo habían sabido llevar.  
 

OTRO DESAYUNO DE JOEL Y MARIBEL 


El día martes siguiente, Joel y Maribel se juntaron a tomar desayuno en el lugar de siempre. Joel llegó a las 7:15 y ella ya estaba sentada. Se había sacado la chaqueta y estaba con una especie de suéter oscuro, formal para trabajar.  Una vez más, al mirarla, pensó en el inmenso tamaño de sus hombros y brazos. De pie se veía más bien esbelta y delgada, pero sentada impresionaba el ancho de sus espaldas y el largo de su cuello y cabeza. Toda esa inmensidad del cuerpo de ella a Joel le gustaba mucho. 


Se acercó a ella, y la tomó por los hombros y la besó cariñosamente. También la tomó de la mano y le acarició la cabeza.  Ella recibió esos gestos sentada, y le apretó la mano con fuerza cuando él se la tomó, como manera de corresponderle. Joel se sentó, y antes de hacerlo se dio cuenta que Maribel se había sacado los zapatos y que estaba con medias. 


JOEL: Veo que te sacaste los zapatos.

MARIBEL:  Sí, es que son nuevos. Me incomodan un poco.

JOEL: ¿Cuánto calzas?

MARIBEL: Cuarenta y cinco.  No podría ser menos, con mi metro noventa.

JOEL: Yo calzo lo mismo. Me imagino que debe ser difícil para ti encontrar zapatos.

MARIBEL: Más que difícil es casi imposible. Me los tengo que mandar hacer. Hay un sitio donde me conocen, tienen mi medida y me los hacen.  Últimamente he comprado por internet, lo que es una solución.

JOEL: Me habría imaginado que es así.

MARIBEL: Especialmente en Santiago es muy difícil. En Buenos Aires no es común esa medida, pero las encuentras.


Hablaron un poco de los planes de divorcio. Maribel ya estaba enterada que estaban tomando esa decisión.  Luego Joel pasó al tema que le interesaba tratar.


JOEL: ¿Y qué tal tu salida del sábado?

MARIBEL: Pues agradable. El tipo me lo presentó mi prima, porque es alto, de mi porte, y es divorciado.

JOEL: ¿Y pasó algo?

MARIBEL: Es bien especial la pregunta que me haces. Normalmente no vas tan al hueso.

JOEL: Pues creo que tenemos la confianza para que te la haga. Y lo que tiene que ver contigo me interesa.

MARIBEL:  Bien. No intimamos, y ni siquiera me besó en la boca.  Cuando nos despedimos me dio un beso en el cachete y me tomó la mano unos segundos.

JOEL: Ok

MARIBEL: ¿Algo más?

JOEL: ¿Quedaron de verse de nuevo?

MARIBEL: Él me dijo que le gustaría volver a llamarme, y yo le dije que no tenía problema.

JOEL (se ve pensativo): mmmm

MARIBEL: ¿Qué pasa? ¿Estás celoso? Es raro que me hagas tantas preguntas sobre un tema.

JOEL: Pues claro que sí. No te voy a negar que me dieron celos el saber que ibas a salir con un tipo.

MARIBEL (después de meditar unos instantes):  ¿Significa que me quieres más que como una amiga?

JOEL: Totalmente. Y me gustas mucho. Y creo que tú también a mí. No es una pregunta. No es necesario que me contestes.

MARIBEL: No hay problema. No nos vamos a engañar. También me gustas y te quiero más que como un amigo. Pero…

JOEL (Interrumpiéndola): pero yo me estoy divorciando y quizás no es el momento.  ¿eso me ibas a decir?

MARIBEL: Pues sí. Yo pasé por esa experiencia, y sé como es. Hay etapas que se viven.

JOEL:  Tienes razón.

MARIBEL: ¿Entonces?

JOEL: Es cierto que me estoy divorciando y eso implica varias etapas no fáciles.

MARIBEL: ¿Pero?

JOEL: Siento que con Lourdes me estoy sacando un peso de encima, y probablemente ella piensa lo mismo con relación a mí. Pero tengo claro mis sentimientos contigo y no quiero perderte. Si me pongo a esperar cumplir etapas para tener algo contigo, quizás conoces a alguien e inicias una relación. Y yo no quiero eso. ¿Me entiendes?

MARIBEL: Sí. Te entiendo. 


Se quedan mirando por unos segundos, sin decir cosa alguna.


MARIBEL:  Sácate los zapatos.


Él queda mirándola con asombro.


MARIBEL: Anda. Sácate los zapatos. 


Él obedece, y quedan los dos descalzos, pues ella se los había sacado al llegar.  Acto seguido, ella le pone el pie izquierdo sobre el derecho de Joel. A él le agradó mucho.  Sabía que los pies son una zona erótica, y lo estaba comprobando. Hacerlo con Maribel no podía ser mejor, dado el sentimiento que tenía por ella.  Además, sentir su enorme pie, suave y femenino era parte del gran placer. Todo ello era a pesar de que ella estaba con medias y él con calcetines.  Se miran y sonríen.


Maribel mira a su alrededor, y ve que no habían personas conocidas en el lugar. Tan solo había un matrimonio mayor, a varias mesas de distancia.  Mira a Joel, le dice que le dé un beso en la boca. Desde luego que él no se hace repetir y se lo da.


MARIBEL: Déjame decirte algunas cosas. Y después me dices lo que quieras.

JOEL:  Soy todo oídos.  

MARIBEL: De que me gustas y te quiero, eso dalo por hecho. Incluso, de alguna forma ya te siento como mi pareja, aún antes de esta conversación.

Joel no puede evitar sonreír al escucharla, pero cumplió la petición de ella de no hablar hasta que hubiera terminado.

MARIBEL: Quiero irme de a poco. No voy a salir con otros hombres ni buscar otras parejas, pero quiero que entiendas mi aprehensión, y que no me presiones.  Eso de irme de a poco, significa que podemos tener una relación, pero por ahora ni mi hija ni mis padres van a saber que tengo algo contigo.  Eso se verá en el futuro.  Y desde luego que esto no se sabrá en la empresa. Y te voy a pedir que manejes la misma discreción con tus hijos.   Ahora habla tú y dime si estás de acuerdo.

JOEL: Me parece bien lo que dices, te entiendo.  Por supuesto que estoy de acuerdo. Y tendré que ayudarte a despejar tus temores.

MARIBEL: Bien, está todo claro.


Ella misma le tomó la cara e hizo que se besaran en los labios. Esta vez abrieron las bocas y sus lenguas se contactaron con movimiento.  


Miró su reloj hora y vio que era hora de irse a trabajar. Se pusieron de pie y antes de salir se abrazaron largo. Ella se agachó y puso su cara en el cuello de él. Momentaneamente estaban de la misma estatura. 


Ese mismo día, en pleno trabajo se encontraron en el ascensor, en el que compartieron el trayecto. Ella le dijo en voz baja, como previendo que hubieran cámaras y micrófonos en el ascensor “llámame a mi celular, exactamente a las 16:30”. Él la llamó y ella le dijo que estaba libre en la noche, pues al día siguiente era feriado, y su hija iba a dormir donde sus primas.

Después del trabajo, él se fue al departamento de ella, en el que estaba sola. Al llegar se abrazaron, besaron largamente, se desnudaron y tuvieron sexo intenso. 


TRES MESES DESPUÉS


Joel ya se fue a vivir solo a un departamento. El divorcio está avanzado en sus trámites. Sigue en su relación con Maribel, la que ambos sienten que va bien. Hace un mes ella le contó a su hija de  su relación de pareja con Joel y se lo presentó. También los mellizos saben de Maribel y ya la conocen. La relación pasó del secreto a la discreción. Algunas amistades de los dos ya saben o se  han dado cuenta. Ella se ha quedado varias veces a dormir con él, aunque son más las veces que han tenido sexo, sin alojar en la casa de él. Por precaución ella debe evitar quedarse fuera de casa.


Con Lourdes están acordados los detalles del divorcio, especialmente lo que se refiere a gastos de sus hijos y salidas. Ella se quedó viviendo con sus hijos en la misma casa en la que vivían, de la que él seguía pagando el crédito hipotecario. Le pidió a Joel que no fuera a la casa sin ser invitado o sin preguntar antes. Él lo aceptó porque le pareció razonable.


Un día sábado en el que salió a almorzar con sus mellizos,  le dijeron que su mamá quería hablar con él a solas. Uno de ellos le dijo que la privacidad le iba a costar darles plata para el Starbucks. El rio como manera de aceptarlo. Llegaron a la casa, los mellizos partieron al café y Joel entró para hablar con Lourdes. Se saludaron con un beso en la mejilla.


LOURDES: Entremos de inmediato en los temas que quiero tratar contigo.

JOEL: Muy bien. Soy ojos y oídos.

LOURDES: Lo primero es que quiero ampliar la casa. Quiero ocupar parte de la terraza como living y hacer la terraza más hacia el jardín. 

JOEL: Bien. Sigue explicándolo

LOURDES: Mi papá me la quiere regalar, pero se necesita la autorización tuya, porque eres el dueño de la casa. Lo que tienes que saber es que en algo aumentaría el impuesto territorial.

JOEL: No veo problema. Cuando tengas los planos y los detalles, me avisas.

LOURDES:  Ok, primer tema resuelto.

JOEL: Vamos al segundo tema entonces.

LOURDES: Lo segundo que quiero contarte es que estoy en una relación de pareja. Los mellizos ya lo saben, pero quería que lo supieras por mí. Incluso ellos ya lo conocen.

JOEL: Muy bien, tienes todo el derecho a hacerlo y no dudo que muchos hombres querrían tenerte como pareja. Y me parece muy prudente que lo sepa directamente de ti.

LOURDES: ¿Quieres que te cuente quien es?

JOEL:  Sí, cuéntame.

LOURDES: Es un empresario gastronómico peruano. Tiene dos restaurantes en Santiago, y le va bastante bien. Es de familia de empresarios gastronómicos peruanos y chefs. Se llama Pedro Pablo, y a veces sus amigos le dicen PPK.

JOEL: jajajajaa

LOURDES: ¿Te acuerdas de un viaje que hice a Lima con mis papás y hermana hace cinco años, a una convención hotelera?

JOEL: Claro que me acuerdo.

LOURDES: Ahí lo conocí, le gusté, y se decepcionó mucho cuando supo que era casada.

JOEL: Déjame adivinar. Te encontraste con él hace poco y fue una muy buena noticia para él, el que te hubieras separado.

LOURDES: No te conocía esa faceta de brujo. Fue más o menos así.

JOEL: jajajajaja

LOURDES: ¿Te sigo contando?   

JOEL: Dale.

LOURDES:  Un día fui a ver a una cantante peruana a un recital. Fui con mi hermana Bernardita. Llegamos temprano, ella fue al baño, y me encontré con él, que estaba solo.

JOEL: ¿Fue el recital de la Eva Ayllón por casualidad?  Iba ir, pero estaban agotadas las entradas.

LOURDES: Sí, fue ese mismo recital.  Bueno. Nos encontramos con Pedro Pablo y se le iluminó la cara el verme. Conversamos un poco hasta que me preguntó por mi esposo.  Le dije que acababa de separarme, y ahí la cara le relampagueaba por todos lados. Parecía que le habían dado una de las mejores noticias de su vida. Le di mi teléfono, salimos, y ahora estamos emparejados.  Él también es separado.

JOEL: Bien, te felicito. Por la forma como hablas de él, se ve que estás a gusto. Y sin duda el tipo está muy feliz. 


Ella sonríe.


JOEL: jajajajaa Ahora entiendo algo.

LOURDES: ¿Qué?

JOEL: Antes de ir a almorzar les dije a los mellizos si querían ir a comer comida peruana.  Su respuesta fue un no rotundo. Seguramente fue porque ya la han comido y tienen en perspectiva  seguirla  comiendo.

LOURDES: jajajaa. Sí, debe ser por eso. Bueno, vamos al tercer y último tema.  

JOEL: Ok, ¿Cuál es ese tema?

LOURDES: Quiero que me cuentes de ti, así como lo he hecho de mí. ¿Estás con pareja?

JOEL: Pues sí. Lo estoy

LOURDES: ¿Es Maribel?

JOEL: Sí. Es ella. ¿Así que yo soy el brujo? Dime como lo supiste. No creo que los mellizos te lo hayan contado.

LOURDES: No, son muy discretos. Simplemente sumé dos más dos.

JOEL: A ver cuéntame.

LOURDES: Mi hermana Bernardita los vio un día en la mañana bien temprano, al parecer en un lugar donde toman desayuno. Ella iba en auto, y se detuvo por el taco. Y vio que dentro del restaurant se estaban abrazando, muy acaramelados. Después de eso se fueron caminando, separados . Iban al trabajo con toda seguridad. Bernardita no conoce a Maribel, pero le llamó la atención lo alta que era la mujer con la que estabas, incluso más alta que tú.

JOEL: Es más alta que yo. Mide uno noventa.

LOURDES: Lo segundo fue el otro día cuando nos juntamos tú y yo a un café, para ponernos de acuerdo para lo del divorcio. Te paraste al baño, dejaste el celular, y  justo empezó a sonar. La pantalla mostraba que quien llamaba era Maribel.  Entonces, fue sumar dos más dos.

JOEL: Claro, recuerdo que después de haber estado contigo encontré una llamada perdida de ella.

LOURDES: Bien.  Está todo claro. No es la idea que seamos parejas amigas, pero que nos comportemos civilizadamente. Los mellizos nos van a tener contactados de por vida.

JOEL: Si finalmente no funcionamos como esposos, creo que como exesposos podemos funcionar bien. 

LOURDES: Tienes razón. Esperemos que así sea. Por ejemplo, si el día de mañana los mellizos quieren celebrar su cumpleaños, quiero que esté Pedro Pablo en la casa, y que vengas tú con Maribel.

JOEL: Estoy cien por ciento de acuerdo. Va ser lo mejor para todos.

LOURDES: Bien. Me alegra que nos hayamos puesto de acuerdo.

JOEL: Déjame decirte que has estado genial con esta conversación. Fue muy positiva la iniciativa tuya de tenerla.

LOURDES (sonríe): Gracias.

JOEL: Una última cosa. Se me acaba de ocurrir una idea.

LOURDES: Claro, dime.

JOEL: Ya que PPK está tan agradecido porque me separé de ti, nos podía regalar una cena para dos en su restaurante. Y así podría conocerlo, e iría con Maribel.

Ella miró a Joel. Se quedó pensativa unos instantes.

LOURDES: ¿Sabes? No es mala idea. Se lo voy a proponer. 


Esa misma noche, Joel le contó de la conversación con Lourdes a Maribel. Ella la encontró positiva y encontró que todos se sacaban un peso de encima, incluso ella misma.   


HECHOS POSTERIORES


A la semana siguiente, Maribel y Joel fueron invitados a una degustación de comida peruana que se hizo en el restaurante de PPK. Sirvió para que todos se conocieran. Estuvo agradable en general. Hubo encuentros inesperados con ciertas personas, pero eso es otra historia.

Maribel y Joel siguieron emparejados, y empezaron a salir ocasionalmente con Belén, la hija de Maribel.  Otras veces lo hacían con Ignacio y Nicolás, los mellizos.   


A Joel le gustaba mucho la fuerza de ella, y empezaron a probarla en la intimidad. Tomaron la costumbre de luchar y de hacer cargadas. También retomaron el básquetbol y fueron a Concepción, donde jugaron partidos amistosos. 


Varios de esos temas se conocen en próximas partes.

























 



































 













 


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