jueves, 11 de mayo de 2017

ADELA Y BENJAMÍN, COMPAÑEROS DE UNIVERSIDAD – 1



ADELA Y BENJAMÍN, COMPAÑEROS DE UNIVERSIDAD – 1 ©


Por Esper, esper_cl@yahoo.es


En una facultad de economía y empresas de Santiago de Chile, predominan los alumnos y profesores de clase alta y media alta. Benjamín es un estudiante pertenece a ese sector. Por el contrario, Adela es de un nivel socioeconómico más bajo y siente el rechazo de una parte de sus compañeros y compañeras. 


En un paso por la Clínica, Benjamín es operado y Adela lo va a ver. Ese fue el inicio de conocerse más.  Ella es fuerte y tiene conocimiento de artes marciales.


BENJAMÍN ES OPERADO Y PASA UNOS DIAS EN LA CLINICA


Todo empezó con una operación de apendicitis que tuvo Benjamín a los veintiún años. Fue llevado de urgencia a la clínica un día lunes a las 3 AM. Lo operaron rápidamente y tuvo que estar cuatro días internado antes que lo dieran de alta. Como es usual, con quien más tiempo pasan los pacientes es con las auxiliares de enfermería. Los cuatro días en los que estuvo, el turno de día le tocó con Angélica, una auxiliar que aparentaba estar entre los cuarenta y cincuenta años, y se veía bien mantenida y atractiva en su estilo. 


Él llamaba doña Angélica y ella lo llamaba Benjamín. A ella le llamó la atención favorablemente que Benjamín no la tuteara y se dirigiera a ella utilizando el apelativo “doña”.  Era frecuente que algunos chicos de clase alta y media alta tutearan a las auxiliares. En general no les gustaba, pero evitaban darle importancia. Benjamín y su familia parecían ser de clase acomodada, pero a diferencia de otras personas similares, se verían sencillos y de trato muy cálido. 


Angélica se enteró que Benjamín era estudiante de economía en la misma facultad que estudiaba su hija. 


ANGÉLICA: Mi hija estudia lo mismo que usted. Quizás la conoce.  Se llama Adela.

BENJAMÍN: Claro que la conozco. Es más bien alta, morena, de pelo negro, largo y liso.

ANGÉLICA: Ella es. Sí.

BENJAMÍN: Hemos tenido varios ramos juntos. 


Después de que Angélica se retirara de su habitación, Benjamín se quedó pensando en Adela. No eran amigos, pero tenían una relación cordial de compañeros. Más de alguna vez habían compartido fotocopias, y se habían encontrado en las salas de estudio estudiando para alguna prueba, donde se consultaban la materia. Había algunos compañeros y compañeras de clase alta que rechazaban a Adela por provenir de un medio más bajo. Adela tomaba eso como mucha serenidad, y nunca hacía problemas. Benjamín no era de los que la discriminaba. 


Según calculaba Benjamín, Adela medía 1,72, algo más baja que el 1,76 de él. Era morena de pelo lacio, muy frondoso. Sus rasgos faciales en general eran grandes, lo que denotaba energía, y sensualidad. Era de apariencia delgada, por lo que sus amigos y amigas le decían “flaca”. Sin embargo, si era mirada con más detención se veía que era de contextura fuerte con brazos sólidos, y manos grandes y huesudas. 


Con el tiempo Benjamín supo que Adela era la hija natural de un encuentro casual que Angélica tuvo con un médico.   Angélica entendió el encuentro como lo que era, o sea algo pasajero. En ningún momento pretendió casarse o tener algo más profundo con el doctor.   Él era casado y quiso ocultar lo que tuvo.  La esposa de ese médico era de la familia de los dueños de la clínica  donde trabajaba él, de modo que iba  tener muchos problemas si se ella se enteraba de Adela. Entonces él  llegó a un acuerdo con Angélica en la cual él cubriría todos los gastos relacionados con su hija.  También dejó una declaración ante notario, la que se abriría en caso de la muerte de él. En ese documento reconocía la paternidad de Adela. 


Cuando Adela tenía tres años, Angélica se casó con un profesor de Educación física llamado Jaime, el que en los hechos fue el papá de Adela. Después tuvieron dos hijos hombres. 


AL DIA SIGUIENTE 


Al día siguiente, Angélica llegó a la habitación de Benjamín, a darle medicamentos y tomarles los signos vitales. 


ANGÉLICA: Don Benjamín, mi hija me habló muy bien de usted. Ayer le conté que estaba acá.

BENJAMÍN (un tanto asombrado): ¿Sí?

ANGÉLICA: Me contó que usted la había apoyado en un problema de violencia que tuvo con un compañero. Dijo que había sido muy caballero y muy hombre, y que le estaba agradecida.

Benjamín recordó el problema.

BENJAMÍN (ríe suavemente): Me acuerdo como si hubiera ocurrido hoy. No quise contárselo ayer porque no sabía si estaba tanto de ese problema. Pensé que era posible que su hija no le hubiera contado.

ANGÉLICA: Algo me contó cuando ocurrió. Ayer cuando le dije que Usted estaba acá,  me lo contó con más detalles. 


EL PROBLEMA QUE TUVO ADELA CON UN COMPAÑERO


Fue en segundo año. El otro protagonista es un chico llamado Enrique.  Fue novio con Adela durante seis meses, en el primer año. Posteriormente ella terminó con él porque se dio cuenta que a él lo único que le interesaba era el sexo. No le escuchaba los problemas a ella. Además, muchas veces iba solo a cumpleaños y reuniones de amigos de la universidad y de fuera. Ella se daba cuenta de que eso era porque pertenecía a un medio social diferente. Con todo, el chico parecía estar embobado con ella en lo sexual. 


Llegó el momento en la que ella dio por terminada la relación. A Enrique no le gustó la decisión de ella. Varias veces después de que habían terminado él le pidió sexo, a lo que ella solo una vez aceptó y le dijo que sería la despedida que tendrían. 


Después de eso, Enrique no quedó conforme y de vez en cuando la llamaba, y a veces le decía cosas subidas de tono, mostrándole el deseo por ella. 


Un día ella iba caminando en un parque cercano a la universidad. En un banco estaba sentado Enrique con un amigo, conversando. Cuando Adela paso caminando por el lado de ellos, Enrique le dijo algo.  Ella lo miró y no lo saludó. Se disponía a seguir sin hacerle caso cuando él se puso de pie y le dio un buen agarrón en el trasero. No fue solo una palmada, sino que se lo cogió y le mantuvo la mano asida al culo. 


Adela miró hacia atrás, y dándole un golpe con los nudillos en la muñeca de él, hizo que la soltara. No fue un golpe fuerte, pero dolió lo suficiente para que él gritara “ay”. 


Se dio vuelta y se miraron enojados. Enrique se veía decidido a tocarla y estiró la mano acercándola a los senos de ella.  Adela le toma la mano y el brazo, y con una llave de lucha lo tira al suelo.  En ese momento, Benjamín, quien había visto y escuchado gran parte de lo ocurrido, decide intervenir para detener lo que viniera. Adela lo ve y le guiña el ojo y le sonríe. Con un gesto de la mano le dice que no intervenga. El mensaje que captó Benjamín de Adela fue algo como “déjame a mí resolver esto”.


Enrique se pone de pie y mira a Adela con cara agresiva. 


ADELA: Me estás pidiendo a gritos que te de una paliza. Como sigas atacándome te voy a dar el gusto, aunque yo no quisiera hacerlo. 


El chico enojado le manda un golpe en la cara que ella le esquiva. Luego le manda un golpe en el abdomen, que ella resiste sin inmutarse. No muestra el más mínimo signo de dolor. Le sonríe irónicamente. Él la mira desconcertado. 


Adela entonces le da un pisotón con sus zapatos con suela. Enrique chilla y se agacha, luego Adela le manda dos golpes; uno en la cara y otro en el pecho. Enrique comienza a mostrar sangre en el rostro.  Él empuña para enfrentarla y Adela le manda una patada en la mano izquierda. Enrique vuelve a aullar por el dolor.  Adela mira a Benjamín y lanza un suspiro. 


BENJAMÍN (dirigiéndose a los dos): Creo que es mejor que detengamos esto.

ENRIQUE (todo adolorido, se dirige a Adela):  Vas a ver, diré que te atacaste, lo cual es verdad porque me pegaste tú primero.

ADELA: No seas maricón. Tú me mandaste agarrones sin que nada te hiciera. Yo solo iba pasando por acá.

BENJAMÍN: Lo que dice Adela es verdad. Yo lo vi todo y si tú la denuncias con las autoridades de la universidad, yo testificaré a favor de ella. Diré toda la verdad de lo que vi, y que tú eres el culpable.

ENRIQUE: Pero, se supone que somos amigos…

BENJAMÍN: No, no lo somos. Hemos estado juntos en más de una fiesta y reunión de estudio, pero nunca hemos llegado a serlo. No conozco tu casa ni tú la mía. Y con lo que he visto, no tengo la más mínima intención de apoyarte.

ENRIQUE: Pero…

BENJAMÍN: Y además si insistes con tus acusaciones, contaré que Adela te dio una paliza, y que no pudiste contra ella.


En ese momento el amigo que estaba con Enrique le dice. “Dejemos esto hasta acá, mejor vámonos”. 

ADELA:  Yo me voy, Benjamín ¿Me acompañas?

BENJAMÍN: Vamos.


Desde entonces empezó una amistad entre Adela y Benjamín. Dejaron de verse porque él se fue por un año a estudiar Inglaterra en un intercambio.


DE VUELTA EN LA CLINICA


Benjamín y Angélica comentaron un rato la anécdota. 


ANGÉLICA: Mi hija quiere pasar a verlo, si usted lo permite.

BENJAMÍN: ¡Por supuesto! No solo lo permito, sino que estaré muy contento de verla.

Al rato llegó Adela y pasó a la habitación de él. La recibió con una gran sonrisa. Ella se acercó y le dio tres besos seguidos en el cachete.

BENJAMÍN: me pone muy contento verte.

ADELA. Lo mismo digo, y me alegro mucho que hayas salido bien de este problema. Pudo ser peor.

BENJAMÍN: Así es.

ANGÉLICA:  Bien yo los dejo. Don Benjamín, acuérdese que no tiene que reírse muy fuerte porque puede ser malo para la herida. 


Conversaron. Primero estuvieron hablando de los estudios y de los ramos.  A continuación, Adela le contó que no había tenido más problemas con Enrique. Cuando se veían en la universidad, ya ni se saludaban


BENJAMÍN: Nunca te pregunté si sabías artes marciales. Yo sé que tienes mucha fuerza, pero lo que vi contra Enrique fue más que fuerza. Parecías tener técnicas defensa y ataque. Yo no estoy seguro si era karate, porque yo algo he estudiado. 


ADELA: En primer lugar, en una pelea callejera, las técnicas no se aplican de la misma manera como se estudia, ni menos como como se hacen las formas.

BENJAMÍN: De acuerdo, pero entonces ¿has tenido más peleas callejeras?

ADELA: No muchas por suerte, pero sí.

BENJAMÍN: ¿y qué arte marcial has estudiado?

ADELA: El esposo de mi mamá, que es como mi papá, es profesor educación física y cultor de Tang soo do. ¿Has oído hablar de esa disciplina?

BENJAMÍN:  Claro, según entiendo es coreana.

ADELA: Así es. Pues bien, yo lo he practicado desde los 6 años. Él es uno de los dueños de una academia.  Y siempre me gustó.

BENJAMÍN: ¿Y tienes un nivel avanzado?

ADELA: Soy segundo dan. Y luego voy a dar el examen para el tercer dan.

BENJAMÍN. Me impactas con lo que me cuentas. O sea que Enrique la sacó barata dentro de todo.

ADELA: Así fue. Pudo ser mucho peor para él. Enrique sabía de mis conocimientos de artes marciales, pero nunca le dio importancia. Y en realidad tuve que moderarme para no hacerle mucho daño.

BENJAMÍN: Es curioso que no lo tomara más en cuenta

ADELA: Él me quería solo para la cama. Conversábamos muy poco, y nunca me mezclaba con sus amigos de barrio alto. Por eso la relación me hastió y la terminé yo misma.

BENJAMÍN: Me acuerdo que él te dio un golpe en el estómago, el que pudiste haber atajado, pero lo recibiste. ¿pensaste que no te iba a hacer daño?

ADELA: Así fue. Dejé que me pegara. En ese momento pensé que si después hubiera tenido que contar la pelea, o justificar mi acción, era bueno que me hubiera dado algún golpe.

BENJAMÍN:  ¿Y cómo sabías que no te iba a hacer daño? ¿Fue técnica o por la musculatura que tienes?

ADELA: Las dos cosas. 

Dicho lo anterior, ella se levanta la blusa que llevaba y le muestra el “pack de seis” en el abdomen, característico de las personas muy musculosas, tanto hombres como mujeres.

Él solo hizo un gesto de sorpresa con la boca y cejas.


ADELA: Como seguramente también sabes, el principal punto de fuerza y energía es el abdomen. Tengo fuerza y soy musculosa en general, pero esa es la zona que más ejercito y desarrollo. Aunque no tenga tiempo, no dejo de hacer abdominales.

BENJAMÍN: Claro, las veces que te he encontrado en el gimnasio de la universidad te he visto haciéndolos.

ADELA: ¿Te has fijado que tomo solo cuatro ramos en cada semestre? La mayoría de los estudiantes toma cinco o seis ramos.

BENJAMÍN: Claro que me he fijado. Yo estoy con seis este semestre, incluyendo un libre.

ADELA: Es por el  Tang soo do. Quiero tiempo para practicarlo, y también avanzar en mis estudios. Me interesa ser economista, y a la vez una cultora de artes marciales. También quiero hacer vida social, y relacionarme con personas de mi edad.



Después de eso, la conversación fue sobre la estadía en Inglaterra de Benjamín. En total estuvieron dos horas conversando. 


ADELA: Bien, ya me tengo que ir.

BENJAMÍN: Esta visita, ha sido la más agradable que he tenido, y la más entretenida. Se me pasó volando el tiempo.

ADELA: Lo mismo digo yo, me ha gustado mucho venir a verte y me he entretenido. Me gustó la coincidencia de que fuera mi mamá quien te atendiera.


Mientras se despedían, ella le tomaba los pies por sobre la ropa de cama. Siendo una zona erótica, podía tomarse como una provocación sexual. Sin embargo, dado que Adela era muy espontánea y natural, ese gesto significaba cariño y no se sabía si algo más.


ADELA: Te voy a pedir que no cuentes lo que te conté del Tang so do. Prefiero mantenerlo en reserva para no tener problemas.

BENJAMÍN. Muy bien. Lo prometo.

ADELA: Gracias.

BENJAMÍN: Adela, me gustará juntarme contigo algún día cercano, fuera de la universidad. Veo que tenemos mucho para conversar. Si es que no tienes un novio que te lo impida. Claro.

ADELA: Muy bien. Con gusto, y no tengo novio. 


Intercambiaron números de celular. No fue necesario que se agregaran a facebook, pues ya eran amigos desde antes. Luego se despidieron dándose un beso en cada mejilla.


DE VUELTA EN LA UNIVERSIDAD 


Dos días después de la visita de Adela, Benjamín fue dado de alta. Una semana después, volvió a ir a la universidad. Conversó con sus compañeros y comenzó a ponerse al día en el semestre. Cuando se encontró con  Adela, se saludaron cariñosamente de beso. Un par de compañeras de barrio alto lo miraron con reprobación. “Par de idiotas”, pensó él.


Esa semana era la de pruebas, con lo que no iba a tener tiempo de verse con Adela. El viernes dio la última prueba y a la salida se encontró con ella. 


BENJAMÍN: Adela, tal cual te lo dije en la clínica me gustaría juntarme contigo, ahora que pasaron las pruebas y estoy mejor.

ADELA: Muy bien. ¿Y cómo sería eso?

BENJAMÍN: Por ejemplo, podríamos tomar una cervezas y servirnos algo, en el barrio Bellavista, hoy en la noche.

ADELA: Hoy no puedo, porque hay una reunión familiar en mi casa

BENJAMÍN: Bueno, ¿mañana quizás? 


Ella piensa unos instantes. 


ADELA: Te propongo algo.

BENJAMÍN: Claro.

ADELA: Vente a mi barrio mañana sábado, y almorzamos en una picada que queda cerca de mi casa.  Es bueno, bonito y barato. Es de carnes, preferentemente.

BENJAMÍN: Excelente idea. 


Afinaron los detalles y quedaron de juntarse a las una en una estación del metro cerca de la casa de ella. 


DIA SABADO


Benjamín no pudo ir en auto y se encontró con ella en el metro. Se saludaron con un abrazo y beso, y se fueron caminando al restaurante, el que estaba a cuatro cuadras de la estación. Ella estaba con jeans y un polo de manga larga gris claro, pues era fines de septiembre, y aún no hacía calor. Llevaba el pelo suelto y un collar de artesanía. La vestimenta de él, era del mismo estilo. 


El almuerzo estuvo rico y lo acompañaron con cervezas. Estuvieron bastante rato conversando.

Ya estaban en la sobre mesa y tomándose un “bajativo por cuenta de la casa”, cuando la conversación se tornó bien cálida. 


ADELA: Eres muy agradable Benjamín. Y no me discriminas como algunos como tú que son de barrio alto. Tú eres diferente.

BENJAMÍN: Ya sabes que creo que eso es una estupidez. Y para mí eres muy agradable.


Ella sonrió y lo tomó de la mano. A Benjamín le gustó mucho que lo hiciera.  Se mantuvieron así. Con la otra mano él le acarició el pelo y luego la mejilla. Ella le tomó la otra mano y se la besó. Ni corta ni perezosa, le tomó la cabeza y lo besó en los labios. 


BENJAMÍN: Me gustas mucho…

ADELA:  y tú a mí. 


Pidieron la cuenta, pagaron y salieron abrazados. En un lugar de la salida en la que no habían personas, se abrazaron y besaron apasionadamente. 


BENJAMÍN: ¿Quieres que seamos novios?

ADELA: Sí, claro que quiero. Somos novios.


Se volvieron besar.


ADELA: Vamos a mi casa un rato. Está mi mamá.  Creo que mis hermanos y Jaime fueron al futbol. Jaime es el esposo de ella que es como mi papá. Le digo Jaime.


BENJAMÍN: Bien. Vamos a tu casa.

ADELA: Le conté a mi mamá que me iba a juntar contigo a almorzar.  


Se fueron caminando hasta la casa de ella, la que quedaba a unos diez minutos del restaurante. Llegaron. Era una casa más pequeña que la de él, pues vivía en el barrio alto.  El estilo de construcción era más económico, con ladrillos a la vista. Ella abrió la puerta con su llave. Entraron y Benjamín vio que estaba muy ordenada, aunque con muebles y adornos más sencillos que los de su casa. Encontró que el lugar era acogedor, y con calor de hogar. 


ADELA (levantando la voz): Mamá, ¿estás? Vengo acompañada. 


Al minuto llegó Angélica y saluda con un abrazo y beso a Benjamín. 


ANGELICA: Hola Benjamín. Me da mucho gusto verlo. Me gusta verlo sano, y también me gusta que se haya juntado con mi hija.

BENJAMÍN: Bueno, de aquí en adelante si quiere me tutea, porque yo le voy a decir “suegrita”.

ADELA: jajajajajajajjajajaa 


La mamá de Adela enmudeció unos instantes, como digiriendo lo que le acababa de decir Benjamín.


ANGELICA: No me digan que ustedes dos… 

ADELA: Sí mamá. Somos novios, desde hace como una hora.

ANGELICA: Muy bien, los felicito, ojalá les vaya bien.

BENJAMÍN: Gracias suegris. 


Adela entonces abrazó a su mamá y la besó. Y le dijo “gracias Kequita”


ADELA: A mí mamá le dicen Keka y Kequita. A veces le digo así. 


La mamá se ausentó para ir a comprar pan. Los nuevos novios se volvieron a besar. 


BENJAMÍN: ¿crees que te puedas ir a dormir a mi casa esta noche?

ADELA: MMMM. Veo que ya quieres más acción conmigo.

BENJAMÍN: ¿Para qué te lo voy a negar? Y quiero que los dos lo disfrutemos.

ADELA: ¿Y tus padres?

BENJAMÍN: Están en la playa. Llegan mañana en la noche. Solo tengo que ponerme de acuerdo con mi hermano. Es bueno que sepa, para que no haya sorpresas para nadie.

ADELA: Sí, creo que es factible.

BENJAMÍN: ¿Y con tu mamá? ¿No hay problema?

ADELA: No, no hay. Simplemente le diré que me voy a ir contigo, y que no llego a dormir. 


En ese momento Benjamín salió un rato para llamar a su hermano y explicarle que iba a ir con Adela a dormir. Hicieron las coordinaciones del caso.  


Como a las siete, Adela puso algunas cosas en una mochila, y se fue con Benjamín a la casa de él


ADELA: Una pregunta.  Si alguno de los pitucos o pitucas te invita a su casa, ¿qué harás conmigo?

BENJAMÍN: pues te diré que vayamos juntos.  Si alguien me dice que no te puedo llevar, simplemente no iré. Y ni siquiera pediré permiso para ir contigo.

ADELA: ¿Sabes? Me da lo mismo esa discriminación, la que encuentro bastante estúpida.

BENJAMÍN: Me he dado cuenta, y creo que es lo mejor.

ADELA: Tengo una buena familia, el tang soo do,  y mi carrera que me gusta. Y además ahora tengo un nuevo novio que promete.

BENJAMÍN: Me halagas con eso. Y pienso como tú.


La repuesta de Adela fue una gran sonrisa y un beso en los labios.


Esa noche hicieron el amor de distintas formas y durmieron en la cama de Benjamín la que era plaza y media La pieza tenía baño propio, por lo que la pareja tenía casi de todo. 


En la mañana como a las diez fueron a desayunar. Encontraron a Rodolfo, el hermano de Benjamín. Se presentaron con Adela, y conversaron un rato.


Almorzaron y conversaron. Adela quiso tomar el tema de la discriminación que recibía.


ADELA: ¿Por qué crees que me discriminan algunos? Como te decía ayer, no me afecta, pero quisiera tratar de entenderlo.

BENJAMÍN: En primer lugar, no son todos, sino un grupo que tiene alguna influencia sobre unos cuantos más.

ADELA: Sí, lo sé. Pero dime cual crees que es la razón.

BENJAMÍN: Bien, te voy a decir lo que yo creo.

ADELA: Eso quiero escuchar.

BENJAMÍN: Si fueras como una niña pobre disminuida, y que los necesitara, sería diferente. Te tendrían compasión, simpatía y te ayudarían.  Además, no les preocuparías.

ADELA: Bueno, no soy así.

BENJAMÍN: Claro que no. Eres autónoma y no los necesitas.  Sacas las mismas notas que ellos, y hasta mejores a veces. Por si fuera poco, eres atractiva, y más alta que alguna de las de ese grupo.  Les cuesta aceptar que alguien que no provenga de su barrio, y que no haya estudiado en los mismos colegios, sea igual a ellos en varios sentidos.

ADELA: ¿No será algo de temor?

BENJAMÍN: No lo había pensado, pero sí. 


Después de almuerzo, se quedaron un buen rato en la casa de él. Salieron un rato a un parque cercano. Cuando regresaron, estuvieron practicando artes marciales en el jardín trasero.  Él le mostró las técnicas de karate que conocía, las que no eran muy avanzadas porque había llegado a cinturón azul. Le contó que al entrar a la universidad lo había dejado.  Ella le mostró las técnicas de su arte marcial, el  tang soo do. Le explicó algunas semejanzas y diferencias con el karate. Le contó que uno de los grandes cultores a nivel mundial era el mismísimo Chuck Norris. 

BENJAMÍN: ¿Has estudiado judo también? Te pregunto porque me dio la impresión que lo aplicaste con Enrique también, cuando lo botaste al suelo.

Ella piensa unos instantes, para recordar el episodio.


ADELA: No, fue una llave de tang soo do. En todo caso cuando se estudia mucho un arte marcial, espontáneamente se aprenden técnicas de otras disciplinas.

BENJAMÍN: O sea ¿te sería fácil aprender karate?

ADELA: Claro que me sería fácil. De hecho me he dedicado a practicarlo mirando la TV y el youtube.

BENJAMÍN: ¡Mira que interesante todo lo que me cuentas!

Ella sonríe. Lo abraza y lo besa intensamente. Luego le comienza a enseñar algunos movimientos de defensa, patadas y golpes de puño y codos.


ADELA: Seguramente ya has escuchado que las artes marciales, son una forma de superación, buscar la paz interior y la seguridad en sí mismo. Probablemente lo aprendiste en el karate cuando lo estudiabas. 

BENJAMÍN: Por supuesto. Lo tengo muy claro.

ADELA: Para mí es eso. No es la idea mía pelear.

BENJAMÍN: Quizás Enrique no piensa lo mismo. Jajajaja

ADELA: Jajajjajaja Bueno, una agarrada de culo como la que me hizo, merecía una respuesta de inmediato.

BENJAMÍN: O sea me he salvado.

ADELA: Jajajajaja. Tú ya me has agarrado de todo. Y yo a ti.

BENJAMÍN: Es cierto. Ya pasé lo más arriesgado.


Se volvieron a abrazar y besar. 

En el resto del día practicaron más artes marciales bajo la dirección de ella, pues era por lejos la más experta.  Poco a poco también le fue mostrando su fuerza. En el mismo jardín trasero ella comenzó a levantarlo y a caminar con él.  Primero le dijo que se abriera de pies. Ella fue por atrás puso su cabeza entre las piernas, o levantó y caminó con él cargado. Lo hizo con toda naturalidad y no pareció cansarse. También lo cargó en un hombro, y luego con el peso repartido en los dos hombros. 

Cuando se hizo más tarde él la acompaño al metro y se despidieron por el momento. 


DIA LUNES EN LA UNIVERSIDAD 


El romance que se estaba iniciando no era para publicarlo en algún fichero de la Universidad, pero era algo que tenían que saber algunas personas. 

Rosemary y Verónica eran dos de las compañeras que discriminaban a Adela. Tenían algún grado de liderazgo, y hacían que otros compañeros la siguieran en la discriminación.  Benjamín optó por decirles directamente a las dos, por cuanto eran amigas de él.  Habían estado en las casas en cumpleaños, y habían estudiado juntos.  Justo se encontró con las dos esperando una clase. Benjamín les dio la noticia. Las dos lo quedaron mirando en forma irónica. 

ROSEMARY: Bueno, tú sabrás lo que haces.

VERONICA: Somos todos adultos y conocemos las consecuencias de nuestros actos.

BENJAMÍN: espero que Ustedes terminen con sus prejuicios tontos.

VERONICA: Todos tenemos prejuicios. 

La clase empezó y se desarrolló en forma normal. Después Benjamín fue a la biblioteca a retirar un libro. Se encontró con Rosemary.  Era difícil de no notarla, porque medía más de 1,80. Era delgada, rubia no muy clara.  Como era normal en ella, llevaba el pelo tomado.  A pesar de que llevaba ropa informal. se vería que toda ella era de calidad,  y probablemente alguna de las prendas era comprada en el extranjero, pues viajaba bastante.  La misma Rosemary  le dijo que fueran a la cafetería a tomar un café y conversar.  Benjamín aceptó. Ese día no se iba a ver con Adela, pues llevaban algunos ramos distintos y ella tenía clases en la tarde.

ROSEMARY: Bien, cuéntame de tu romance con Adela. 

Benjamín la miró unos instantes para captar las intenciones que llevaban a Rosemary a hacer esa extraña pregunta.  Concluyó que su amiga tenía un sincero interés. 

BENJAMÍN:  Todo empezó que cuando yo estaba en la clínica.  La mamá de ella, que es auxiliar de enfermería, me atendía. Eso fue una total coinicindencia.  Descubrimos el nexo, y Adela me fue a ver. Estuvimos dos horas conversando. Yo le dije que quería salir con ella y aceptó.  ¿Te sigo contando?

ROSEMARY: Sí, por favor.

BENJAMÍN: Me fui en metro hasta una estación cerca de su casa, y almorzamos juntos, en un boliche muy bueno y barato.  En el mismo restaurante empezó todo. Fuimos a su casa, estuvimos con su mamá un rato. El domingo lo pasamos juntos en mi casa. Lo demás, son detalles que no vienen al caso, pero que te puedes imaginar. 

Ese último comentario hizo reí a Rosemary


ROSEMARY: ¿Dónde vive?

BENJAMÍN:  En Las Rejas. Su casa es bastante más pequeña que la mía, y por lo tanto mucho más chica que la tuya. Es de construcción de ladrillos y bien mantenida. Es muy agradable.

ROSEMARY: ¿Algo más?

BENJAMÍN: Que estoy muy contento de estar con ella. No la encuentro diferente en lo social. La diferencia de barrio, y de casa, me la paso por cierta parte. Y créeme que ella también. Ella no va a hacer nada por tratar que Verónica y tú la acepten, o que sean amigas. No vale la pena para ella, y le encuentro razón.

ROSEMARY: Estoy de acuerdo con eso.

BENJAMÍN: Mira Rosemary. En dos semanas es tu cumpleaños. Sí me invitas, hazte la idea que voy a ir con ella. Si no quieres invitarme es cosa tuya. Pero por ningún motivo me vayas a pedir que vaya solo.

ROSEMARY: ¿Y si lo hiciera?

BENJAMÍN: Me molestaría mucho contigo.

ROSEMARY: Bien, todo me queda claro. 

En ese momento llegó Verónica a buscar a su amiga Rosemarý, pues se iban a ir juntas. Se despiden de Benjamín. 

DOS SEMANAS DESPUES 

Un día jueves en la mañana, estaban Benjamín con Adela en la cafetería, conversando distendidamente. En ese momento Rosemary se les acerca.


ROSEMARY: Hola ¿cómo están?

Los dos saludan con un “hola”. 

ROSEMARY: Benjamín, el sábado voy a celebrar mi cumpleaños, con un asado. Me encantará que puedan ir tú y Adela.  

Los novios se miraron con una mezcla de sorpresa y alegría, al ver el cambio de actitud de Rosemary.  Adela asintió levemente con la cabeza, diciendo que estaba dispuesta a ir. 

BENJAMÍN: Muy bien, gracias. Ahí estaremos. 

Al rato Benjamín se encuentra con Rosemary. En ese momento no estaba con Adela. 

BENJAMÍN: Fue una grata sorpresa que me invitaras con Adela.

ROSEMARY: Para que veas que no soy tan mala.

BENJAMÍN: No he dicho que seas mala. Solo eres pituca y clasista.

ROSEMARY: Sí. Lo reconozco.

BENJAMÍN:  jajajajajaja

ROSEMARY: Todos lo somos a nuestra manera.

BENJAMÍN:  Tienes razón, quizás los límites que ponemos son diferentes.

ROSEMARY: No he dejado de ser clasista.  Solo he aceptado a Adela, porque creo que es educada, y es tu pareja. Aunque como dices, creo que le puede importar muy poco que yo la acepte o no.

BENJAMÍN: Bueno, si es por educación, ella dice groserías a veces, pero no digamos que Verónica y tú son muy real academia cuando conversan en confianza. Me faltan dedos de las manos y de los pies para contarles los “huevona” que se dicen la una a la otra. Y para qué sigo con otras palabras.

ROSEMARY: jajajajajajaja.

BENJAMÍN: Yo no hablo por ella, pero creo que si la tratas bien y te interesas en ella, es muy probable que le agrade que la aceptes. Pero eso será por la forma en que eres con ella, no porque seas de clase alta y tu familia sea de apellidos y de dinero.

ROSEMARY: En fin, eso se verá con el tiempo…


HECHOS POSTERIORES 

Benjamín y Adela fueron haciendo una buena pareja, aunque no sin algunas discusiones entre ellos. Se contaban sus ideas, problemas, en buenas y largas conversaciones. Experimentaban cosas nuevas en el sexo. 

Fueron juntos al cumpleaños de Rosemary, quien los recibió muy cálidamente. Sin embargo, hubo problemas con algunos invitados, pero eso se conoce en la PARTE 2.







                                                                                                                             














































































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