jueves, 11 de mayo de 2017

TOMÁS RECIBE A DOS ALOJADAS EN SU CASA



TOMÁS RECIBE A DOS ALOJADAS EN SU CASA ©

Por esper, esper_cl@yahoo.es


Tomás es chileno y separado. Él trabaja y vive solo. Su casa está en Lima, en el distrito de San Borja.  Su hija y su exesposa viven en Santiago.  Un amigo le pide que aloje a unas chilenas que van a una olimpiada universitaria a Lima. Él acepta, llegan a su casa y se producen varios hechos en su estadía. Las chicas son  muy deportistas. Una de ellas era muy alta, y la otra muy corpulenta y fuerte. Aparecen las pruebas de fuerza, y en un momento la pasión.




LA VIDA DE TOMÁS CON SU ESPOSA E HIJA


Tomás y Celia estaban de novios cuando tenían 19 años y estaban en segundo año de universidad, en la carrera de Administración de empresas.  Un descuido hizo que Celia quedara embarazada.  La criatrura, una niña, nació cuando ya estaban en tercer año.  La llamaron Celia como su madre, y la conocieron siempre como Celita.  El caso causó mucho revuelto en ambas familias, especialmente por cuanto la relación su puso bastante tormentosa. 


Cuando Tomás tenía 25 años y ya estaba titulado, se le ofreció un buen trabajo en Lima, Perú. Se casó con Celia y fueron con su hija a vivir a esa ciudad. Celia, junto con cuidar a su hija, aprovechó para estudiar un postgrado, y una vez que lo terminó, comenzó a hacer clases en una universidad.


La relación matrimonial nunca fue buena, y se mantuvieron juntos por razones prácticas. Celia viajaba a Chile con Celita por periodos largos, y no parecía importarle estar lejos de su esposo.  Tomás extrañaba más a su hija Celita que a su esposa. 


A Celita siempre le gustó Santiago, su cuidad natal, en la cual estaban sus cuatro abuelos y primos. También le gustaba mucho ir a Viña del Mar y balnearios cercanos.  Ya siendo adolescente, su sueño siempre fue estudiar en una universidad en Chile. En los últimos dos años de colegio pasaba mucho tiempo navegando por internet buscando sitios de universidades chilenas, y carreras para estudiar. Incluso aprovechaba viajes a Santiago, para conocer presencialmente los sitios posibles para estudiar.


Cuando llegó el momento de que Celita entrara a la Universidad, Tomás y Celia acordaron la separación, la que se veía venir por largo tiempo. La madre y la hija volverían a Chile, y él se quedaría en Lima, al menos por un tiempo.  Tomás le mandaría dinero a Celita para sus gastos y pagar la universidad. Pese a las desavenencias que tenían, o quizás por lo mismo, la separación fue acordada sin mayores conflictos. Tomás vería a su hija las veces que quisiera, y ella viajaría a Lima para estar con su papá. Con el tiempo eso lo hizo, e invitaba a Lima a amigas, para conocer Perú. 


Estando separado siguió un buen tiempo viviendo en la misma casa en la que había vivido con su exesposa e hija. Era de buen tamaño, aunque no inmensamente grande. Una de las razones por las cuales de mantenía viviendo ahí, era que tenía muchos amigos y parientes que lo visitaban. Además, estaba ubicada en un sector acomodado, bastante agradable, y le quedaba relativamente cerca de su trabajo. 


LE PIDEN A TOMÁS QUE RECIBA PERSONAS EN SU CASA


Llevaba tres meses solo, cuando recibe un llamado de su amigo Alejandro desde Chile. Él era quince años mayor que Tomás, y había trabajado con él. Conocía también a Celia, y estaba al tanto de la situación separación de ellos, puesto que se mantenían en contacto. Alejandro era académico de una universidad en Santiago.



ALEJANDRO: Como sabes nuestra universidad pertenece a una red de universidades cristianas.

TOMÁS:  Claro que lo sé.

ALEJANDRO: Pues bien. Va a haber una olimpiada de en Lima, a la cual van a asistir estudiantes de toda Latinoamérica. Desde México hasta Chile.

TOMÁS: Me estoy imaginando lo que me vas a preguntar. Quieres saber si estoy dispuesto a recibir alojados. Eso creo que me vas a pedir.

ALEJANDRO: Bueno, eso mismo. ¿Puedes?


Después de pensar unos instantes, Tomás le da la respuesta. 


TOMÁS: Sí, pienso que sí puedo.

ALEJANDRO: Excelente. ¿Hasta cuantas personas puedes recibir?

TOMÁS: ¿Tengo que darles de comer?

ALEJANDRO: El acuerdo es que solamente les des desayuno, y que los dejes ocupar tu cocina y refrigerador.

TOMÁS: Bien, puedo recibir hasta cuatro personas. Ojalá no más de tres.  

ALEJANDRO: Excelente. Te va a llegar un correo con los pormenores, pidiendo tu aceptación, para que todo quede formal.

TOMÁS: Eso sí, voy a poner una condición.

ALEJANDRO: ¿Cuál?

TOMÁS: Que vengan solo hombres o solo mujeres, o sea todos del mismo sexo. No quiero que se arme el puterío en mi casa.

ALEJANDRO: jajajajaja. De acuerdo. Y me imagino que prefieres puras mujeres a puros hombres.

TOMÁS: Por supuesto. ¿Serían chilenos quienes vienen?

ALEJANDRO: Sí. Y si conoces familias que podría recibir personas en las mismas condiciones, házmelo saber.

TOMÁS:  Claro. Otra pregunta…

ALEJANDRO: ¿Sí?

TOMÁS: ¿No Sería más lógico que se alojen con peruanos para conocerse entre países?

ALEJANDRO: Claro que sí, pero eso ya lo agotamos. Nos faltan lugares donde poner gente. Por eso acudí a ti.

TOMÁS: Ya entiendo. No hay problema.



DOS MESES DESPUÉS


Finalmente, Tomás recibiría a dos chicas. Llegaron un día sábado en la mañana. Según lo acordado previamente, él tenía que estar para recibirlas e instalarlas. Al día siguiente, domingo, tendrían una recepción en la universidad donde se llevarían a cabo las olimpiadas.

Las chicas se presentaron a Tomás, y se saludaron dándole un beso en la mejilla. Sus nombres eran Isabella y Katia.  Ambas vestían el buzo que representa a su universidad. Con ese atuendo habían viajado.


Isabella era muy alta, delgada y atlética. Su perlo era rubio oscuro, lacio, y en ese momento lo llevaba tomado con cola de caballo.  Se veía más joven que Katia. Sin duda era varios centímetros más alta que Tomás 


Katia se veía corpulenta y musculosa. Era rubia y de ojos oscuros. Su pelo era algo ondulado y lo llevaba a la altura en la que terminaba el cuello. Era un poco más baja que Tomás.  Él se fijó en la nariz prominente de ella, levemente aguileña. 


Tomás las instaló a cada una en el cuarto que iban a ocupar. Les ofreció ducharse, pero ellas no quisieron, porque lo había hecho en la mañana en su casa en Santiago.  Se cambiaron de ropa y fueron a tomar café con Tomás en una mesa que tenía en la cocina. 


TOMÁS: Me dijeron que una de ustedes juega básquetbol, y la otra fútbol. Me imagino que tú eres la del básquetbol, Isabella.

ISABELLA: Pues sí, ¿cómo lo adivinaste?


Esa ironía hizo reír tanto a Tomás como a Katia. 


ISABELLA: En fin, con mi metro ochenta y dos, es fácil de adivinar.

TOMÁS (mirando a Katia): Bueno tú también eres más bien alta. Más que el promedio de las chilenas.

KATIA: Mido uno setenta y cinco, y peso setenta y siete kilos. Pero es más músculo que grasa. Vine por el fútbol, pero lo que más practico es Judo.  Es mi deporte, y he sido campeona de Chile.

TOMÁS:  Mira, ¡qué interesante! No te ves gorda, especialmente porque eres de estómago plano, pero pesas más que yo.

KATIA: Y tú ¿Cuánto mides y pesas?

TOMÁS: Uno setenta y ocho, y peso setenta y cuatro kilos.

ISABELLA: ¿Qué edad tienes, Tomás?

TOMÁS: treinta y ocho, y ¿ustedes?

ISABELLA: Yo tengo veintitrés.

KATIA: Y yo veintinueve. 


Dado que Tomás empezó a mirar a Katia con cara de signo de interrogación, optó por contarle más. 


KATIA: Soy estudiante vespertina. Trabajo en las empresas de mi familia y estudio por las tardes. Me demoré en empezar a estudiar, precisamente por el judo. En la universidad se nos ofreció venir a los que estudiamos vespertino, pero somos muy pocos de la jornada los que vinimos. La mayoría no puede venir por razones de trabajo.

TOMÁS (mirando a las dos alternadamente): ¿Y se conocían antes de venir?

ISABELLA: Nos conocimos solo en los preparativos, o sea en las reuniones previas al viaje. Recién hace dos días nos dijeron que íbamos a estar juntas, y que íbamos a venir a tu casa.

KATIA: Así fue.  Además, por coincidencia yo conozco a Emy, la hermana de Isabella. También es cinturón negro de judo.

ISABELLA: Así es. Lo descubrió por mi apellido, el que es raro.

KATIA: y también por la estatura. La hermana de Isabella mide 1,85. Elevada estatura, y mismo apellido, era lógico. 


Nota: Isabella es hermana de Emy, protagonista del relato “Erasmo conoce a Emy”. También es prima de Antonia, de la serie “Samanta y Antonia”, de este autor. 


ISABELLA: Ahora que me acuerdo, me preguntaron si estaba dispuesta a tener como compañera de alojamiento a una chica de veintinueve años.

KATIA: jajajaja ¿Y qué les dijiste?

ISABELLA: jajajaja que me daba lo mismo. Me llamó la atención la pregunta. 


Tomás les estuvo narrando un resumen de su vida. Les contó que estaba separado hace poco y que tenía a su exesposa e hija en Chile, pues ella había entrado a la universidad. 


ISABELLA: ¿y qué estudia tu hija?

TOMÁS: Tecnología médica. Ya va en el segundo semestre y le ha ido bien. Y está contenta.

KATIA: ¡Qué bueno!

TOMÁS: Y ustedes, ¿qué estudian?

ISABELLA: Yo estudio Kinesiología. Voy en cuarto año.

KATIA: Yo voy en tercer año de Ingeniería en Administración, con mención en marketing.

TOMÁS: Somos de carreras afines, entonces. Yo soy Administrador de empresas, y trabajo en logística. 


Tomás y Katia se miraron más de una vez. Era como una especie de atracción, y al parecer ambos pensaron que podría haber algo entre los dos.


TOMÁS: ¿y tienen sus novios?

ISABELLA: Yo sí. Estamos algo distanciados, y este viaje nos va a servir a los dos para aclarar sentimientos. Así lo acordamos.

KATIA: Yo fui casada, pero duré muy poco. Apenas dos años. No tengo hijos. Ahora no tengo novio.  


Terminaron de conversar y él les mostró completamente la casa, y como tenía todo organizado. Las acompañó caminando a un supermercado que estaba cerca. Les advirtió que si en Chile las miraban en la calle, en Lima iba a ser más aún, especialmente por ser rubias y altas.

Las chicas le contaron a Tomás que iban estar dos semanas y no todo sería competencia deportiva. También convivirían con personas de otros países, e incluso entrarían a algunas clases.

Tomás les preguntó acerca de que iban a hacer ese día. Ellas le contestaron que no tenían planes. Tan solo querían recorrer la ciudad un poco.  Tomás entonces les ofreció salir a pasear en su auto y recorrer algunos lugares. Las chicas aceptaron gustosas, pues era la primera vez que estaban en Lima. 


Salieron, y en el trayecto él les fue mostrando algunos sitios históricos, restaurantes, embajadas, parques y otros. La idea de él era mostrarles los parques que estaban en farellones al costado del mar en el distrito de Miraflores.  Bajaron en un sitio conocido como el parque del amor que estaba al lado del mar, a unos 30 metros de altura sobre la playa.


Caminaron y tomaron fotos de ellos, y del entorno. La primera foto fue de las chicas solas, mostrando el lugar. Luego se tomaron las fotos los tres y de a pares. En todas ellas se veía la gran estatura de Isabella. 


Pasaron los días, y se fue armando una sana y grata relación entre Tomás y las chicas. No hubo problemas de convivencia, pues las mujeres chilenas en promedio son más ordenadas que los hombres chilenos. Ellas mismas se preocupaban del aseo de la cocina y los baños, y de la casa en general. Cuando se veían en las tardes, ellas les contaban de las cosas que hacían en el día y de los encuentros deportivos que tenían. 


Cada vez que se saludaban y despedían lo hacían dándose un beso en la mejilla con Tomás. Esos besos, especialmente los de Katia, eran cada vez más cariñosos. Incluso con ella se acercaban cada vez más a los labios.  


KATIA MUESTRA ALGO DE SUS CONOCIMIENTOS Y FUERZA


Cuando el día martes Tomás llegó a la casa, un poco después de las 6 de la tarde, las chicas estaban en una sala en la que había un televisor. Se levantaron para saludarlo con un beso en la mejilla. Fue a cambiarse por un short y polo deportivo y volvió a la sala a conversar con ellas. Ese día las dos habían tenido partidos y sus equipos habían resultado vencedores.  Comentaron un rato. Isabella encestó cuatro veces, dándole ocho puntos a su equipo. Katia jugaba como defensa e imponía una fuerte resistencia al equipo contrario.  Incluso desde esa posición llegó a meter un gol. 


En el televisor estaban dando un programa de anécdotas de las olimpiadas de Río 2016. Había chascarros bastante divertidos. Mostraban en particular a dos luchadoras japonesas que habían caminado cargando al entrenador en sus hombros, una vez que habían ganado las respectivas medallas de oro. Comentaron el caso e hicieron bromas sobre eso. 


TOMÁS (dirigiéndose a Katia): ¿tú haces eso cuando ganas un combate?

KATIA: Nunca lo he hecho en un combate, pero podría hacerlo sin dificultad.  Si quieres vamos al jardín y te levanto así.

TOMÁS (medianamente asombrado): ¿De veras? Me gustaría verlo. 


Las dos chicas se pusieron de pie y salieron al jardín trasero junto con Tomás. Había una terraza y una superficie de pasto de unos 4 por 10 metros, que ellas ya habían ocupado para hacer ejercicios. En particular,  hacían flexiones de brazos y abdominales sobre un tapiz que tenía él. También saltaban a la cuerda.


Tomás se abrió las piernas y las mantuvo derechas, tal cual se lo había pedido Katia. Entonces ella fue por detrás de él, se agachó, puso su cabeza entre las piernas de él y lo levantó con toda facilidad. Caminó con él unos treinta segundos, y luego lo puso en el suelo haciendo el movimiento inverso. Isabella la vitoreaba y aplaudía. 


Pensaba que todo había terminado, pero Katia, ni corta ni perezosa, se agachó y lo tomó en brazos en su parte delantera. Luego lo bajó y lo cargó en un hombro y caminó con él. 


KATIA (dirigiéndose a Isabella): Yo creo que tú también puedes hacerlo.

ISABELLA (piensa unos instantes antes de contestar):  Creo que sí, podría hacerlo. Pero no tengo experiencia haciéndolo y no quiero arriesgarme a tener una lesión. Aún me quedan partidos.

KATIA: Tienes razón. 


Después de haber hecho las cargada a Tomás, Katia sintió calor y se sacó una camisa delgada de jeans. Debajo llevaba un polo sin espaldas ni mangas. Entonces Tomás pudo ver más en directo su gran tamaño y musculatura. Le hizo saber a Katia que le llamaba la atención, y ella respondió flectando sus brazos y mostrando sus bíceps. Todo lo hizo mirando a Tomás, y sonriendo. Isabella también rio. 


TOMÁS: Me gustaría conocer más de tu fuerza. ¿Hagamos vencidas? 


Ella aceptó. Se pusieron en posición y ella ganó rápidamente, y con toda facilidad.


ISABELLA: Bueno, tenemos que ducharnos. Nos van a pasar a buscar luego, para una cena.


KATIA ACOMPAÑA A TOMÁS EN LA COCINA


Al día siguiente, un poco después de las 6, Katia llegó sola a la casa. Se encontró con Tomás y le dio un beso de saludo, como era costumbre.  Ese beso fue prolongado, en la comisura de sus labios, de manera que sus bocas se tocaron un poco.

KATIA: Hola, ¿qué haces?

TOMÁS: Estoy en la cocina, haciendo una bebida peruana.

KATIA: Deja cambiarme y voy a ver como lo haces. Quiero que me enseñes.


Él volvió a la cocina pues estaba preparando una bebida peruana conocida como la chicha morada. Consiste en poner maíz morado en una olla, hervirlo con algunos agregados y después colarlo. Él lo estaba revolviendo cuando ya casi hervía, cuando Katia hizo su entrada en la cocina. Se había puesto un short, hawaianas y un polo blanco sin mangas, que le permitía ver su hombros y gran parte de la espalda. Se acercó a él y le hizo algunas preguntas. Tomás le comenzó a explicar. Entre tanto, Katia se acercó más aún, y le pegó su cuerpo al de él. Además, le puso su mano en el hombro. Por si fuera poco, acercó sus senos de manera que tocaron la espalda de Tomás.  Estuvieron así un minuto. Él actuaba como si fuera lo más normal, pero le agradaba mucho. Incluso al hacerle las preguntas, ella le ponía la mano en la espalda, y lo acariciaba.



Lo que vino fue que Katia le tomó la mano a Tomás, y le dijo que la dejara revolver a ella. Tomás siguió el juego de pegarse y tocarse. Se puso detrás de ella, y mientras revolvía le puso su mano en la cintura y la presionó. Sintió el tamaño, la solidez y dureza del cuerpo de ella.


KATIA: ¿Voy bien?

TOMÁS: Sí.  Estás muy bien.  


Ella captó el doble sentido y rio suavemente. Él puso ahora las dos manos en la cintura de ella, y le pegó su mejilla en el cuello. Sintió su aroma personal. Le decía algunas cosas con la boca pegada al cuello y mejilla de ella, alternadamente. También sentía su pelo, el que era suave y ondulado a la vez. A ambos se les aceleró la respiración como muestra de que la calentura había llegado, para quedarse un buen rato. 


Katia dejó de revolver, pero se mantuvo dándole la espalda a él. Le tomó las manos a Tomás, y se la puso en el abdomen, donde él sintió una vez más los músculos y la solidez.  Ella echó la cabeza hacia atrás acercándola a Tomás. Él la besó en el cuello y en la oreja, apretándola con fuerza en el estómago. Ella gimió de placer.  Él subió las manos lentamente y empezó a sentir las pechugas de Katia. Como ella comenzó a jadear con más fuerza, Tomás se las agarró, una en cada mano. Katia le puso sus manos sobre las manos de Tomás. Se las apretó, haciendo que él le agarrara más las pechugas. 


A la altura de su culo, Katia pudo sentir el pene erecto de él. Soltó su mano izquierda, manteniendo la derecha sobre la de él, y le agarró el pene por sobre el short. Acto seguido le metió la mano debajo de la ropa y la agarró el pene en directo. 


Una de las cosas que disfrutaba Tomás era la gran espalda de Katia, ancha y fuerte, y sus manos suaves, y notoriamente más grandes que las de él. 


Ella se dio vuelta y quedaron de frente. Inmediatamente se besaron intensa y apasionadamente. En los besos y en su lengua, Tomás sentía una vez más la fuerza de ella. “Vamos a mi dormitorio”, dijo él. “Vamos”, respondió ella. 


Llegaron al dormitorio. El cerró la puerta.  Se desnudaron e hicieron el amor en forma repetida e intensa. Después de un buen rato, descansaron sobre la cama y pasaron de la calentura a la ternura. Se acariciaban y conversaban.  A Tomás decididamente le gustaba el tamaño y musculatura de Katia. Esta vez sintió también la solidez de las piernas de ellas.

Pasadas las 9 de la noche, sonó el timbre. 


KATIA: Debe ser Isabella. Yo me traje la llave porque me vine antes.  Me voy a vestir rápido para abrirle. 


Esa noche fue la última que Katia durmió sola en su cuarto. Conversaron y decidieron que las siguientes noches dormirían juntos. 


AL DÍA SIGUIENTE 


Katia e Isabella llegaron juntas como a las 9 de la noche. Se saludaron con Tomás y estuvieron comentando los partidos del día. Se sentaron en la mesa del comedor.  Al rato Isabella se ausenta para ir al baño. Katia y Tomás quedan solos un rato, y ella le habla en voz baja.


KATIA: Te vas a reír. Hoy en el gimnasio Isabella me dijo que daba la impresión que hubiera empezado la acción entre tú y yo

TOMÁS: jajajajajaa ¿le preguntaste como se percató?

KATIA:  Le pregunté por qué pensaba eso, y me dijo que le había llamado la atención que ayer me demorara en abrirle.  También dijo que nunca me había visto tan despeinada, salvo en las mañanas. Además, al rato saliste tú de tu pieza, y estabas con la puerta cerrada.

TOMÁS: Es bien perspicaz, por lo que veo. ¿Y qué le dijiste?

KATIA: No le contesté. Solo sonreí. No me estaba haciendo una pregunta.

TOMÁS: Creo que es mejor que lo sepa, especialmente si vamos a dormir juntos. No podemos hacer eso sin decírselo.

KATIA: De acuerdo. ¿Se lo dices tú o se lo digo yo?

TOMÁS: déjame a mí.      
                                                                  

Justo en ese momento, Isabella vuelve del baño y se sienta con ellos a conversar. Tomás decide interpelarla.


TOMÁS: Isabella…

ISABELLA: Sí, dime.

TOMÁS: Tenemos que decirte algo.

ISABELLA (mira algo asombrada): Claro, te escucho.

TOMÁS: Katia y yo nos hemos entendido bastante bien. Y hemos ido desarrollando un afecto mutuo.  Así que va a dormir conmigo todas las noches.


Isabella ríe y los contagia a los dos. 


KATIA: Así es. Tomás y yo nos hemos dado cuenta que nos entendemos muy bien, en muchos sentidos

ISABELLA: Pues bien, los felicito. La verdad es que lo sospechaba, pero no es asunto mío.

KATIA: jajajajajaja 


Tomás e Isabella miran a Katia un tanto desconcertados, por su risa inesperada. 


TOMÁS: ¿De qué te ríes?

KATIA: De las palabras sofisticadas que usaste para contar lo nuestro.

Los tres ríen ante ese comentario de Katia.


Esa misma noche, y las restantes de la estadía, Katia durmió en la cama de Tomás. 


KATIA ACOMPAÑA A TOMÁS EN UN DÍA DE TRABAJO


Al día siguiente Katia se despertó temprano, como era su costumbre. A las siete de la mañana de Lima eran las nueve de la mañana en Santiago, y su cuerpo y mente ya estaban despejados. Tomás ya no estaba en su lado de la cama. Lo encontró tomando desayuno en el comedor y viendo noticias en el computador.  Le llamó la atención que él estaba con jeans y no con ropa formal como era su costumbre. Se acercó para acariciarlo y besarlo. 


KATIA: ¿No vas a trabajar hoy?

TOMÁS: Hoy no voy a la oficina, voy a ir a las empresas que tienen bodegas en las que almacenan nuestros productos, especialmente en el puerto de El Callao. Tengo que ir al menos una vez al mes. Converso con el encargado y veo como están trabajando.

KATIA (después de pensar unos momentos): ¡Qué interesante!

TOMÁS: Si lo es. Claro que fue más interesante las primeras veces que iba. Ahora es rutina.   

KATIA: ¿Y te puedo acompañar? Para mi profesión es interesante.


Él la mira unos instantes, pensativo.


KATIA: Bueno, si no puedes, lo entenderé. No hay problema.

TOMÁS: Es que estoy pensando si los lugares a los que voy a ir son peligrosos.

KATIA: Si lo son, lo son para los dos, y tu seguramente te sabes manejar en ellos. Si voy contigo, es bajo mi responsabilidad.

TOMÁS. Está bien, vamos. Eso sí, vístete lo más recatada que puedas. Nada de escotes ni espaldas. Y si puedes, tómate el pelo.

KATIA (en tono de objeción): Oyeeee

TOMÁS (algo asombrado): ¿Qué pasa?

KATIA: Me hablas como si fuera una puta para vestirme. Cuando salgo me controlo. Solo cuando estoy contigo en la casa me visto así.

TOMÁS: jajajajajajajajajaa. Es cierto. Y no te voy a negar que me gusta. Y en realidad me gustas mucho de cualquier manera que te vistas.

KATIA: Eso está mejor. 

Al rato ella volvió con el pelo tomado, con pantalones de jeans, y una camisa del mismo tipo, levemente arremangada, y con todos los botones puestos, salvo el de más arriba.  La camisa la llevaba afuera del pantalón. 


KATIA: ¿Así está bien?

TOMÁS: Sí. Aunque se nota todo lo que tienes debajo. Quizás es mi imaginación.

KATIA: Bueno tócame y verás que no es tu imaginació.

Recorrieron bodegas y frigoríficos en el puerto de El Callao. Ella se bajaba con él y lo acompañaba a las reuniones.  Mientras iba en el auto, él le explicaba el funcionamiento de su empresa y como se relacionaba con bodegas y frigoríficos.  Le hizo ver un caso en el que había un problema, que debía ser rectificado.  Katia escuchaba todo con gran interés, y hacía algunas preguntas. Todo ello sirvió para ir afiatando la relación.  

DE VUELTA, ENFRENTAN ALGUNOS PROBLEMA DE VIOLENCIA


Pese a que fueron a lugares difíciles, no tuvieron inconveniente alguno relacionado con delincuencia.  El problema lo tuvieron de vuelta, poco antes de llegar a la casa de Tomás.

Eran las 6 de la tarde y se detuvieron en un lugar para tomar un café. Habían almorzado a las 3, y no tenían hambre. Frente al lugar había un parque. Decidieron cruzar la calle y tomar el café en un   banco en el mismo parque, el que se veía bonito. Se sentaron pegados el uno al otro. Se acariciaron y dieron algunos besos, junto con conversar varios temas.   


Repentinamente sintieron un grito de mujer. Más que un grito de dolor, sonaba como un grito de artes marciales. Miraron y lo que vieron fue a una chica joven enfrentando a dos tipos, uno de polo verde y el otro con camisa a cuadros. 


Vieron como la chica le mandaba una patada en el pecho al de polo, la que parecía ser de taekwondo.  El tipo cae. Acto seguido el de camisa le manda dos golpes a la chica, quien retrocede, cubriéndose la cabeza. El del polo se pone de pie y entre los dos van a atacarla.

Katia y Tomás se miran, y acuerdan ir a defender a la chica. Katia le dice a Tomás que la dejara actuar a ella, y que si no podía controlar la situación, la ayudara como pudiera. 


Se acercan e intentan detener la contienda. El de polo les dice que no se metan si no quieren problemas. 


TOMÁS:  Pegarles a las mujeres está mal. Y pegarles entre dos es peor aún. Por favor deténganse. 


La chica se ríe lo cual sorprende a Tomás y a Katia. Los mira y les dice:  “Lo que pasa es que le di una paliza a Jorge. Y ahora trajo a su amigo Luis para vengarse, y me quieren pegar entre los dos”. Les dice que Jorge es el de Polo y Luis el de camisa.  Katia le pregunta a la chica su nombre.  “Me llamo Berta”, contestó. Añadió que era cinturón negro de taekwondo. 


LUIS: Es mejor que se larguen. Esto no es asunto de ustedes.

KATIA (dirigiéndose a Berta): Es mejor parar esto. No creo que quieras averiguar si puedes con los dos.


Berta asintió con la cabeza e hizo un gesto con la boca, como diciéndole a Katia que le encontraba razón.
 

En ese momento Luis le da un empujón a Tomás, y le dice que se larguen, en tono amenazador. Katia reacciona le da un golpe con el revés de la mano empuñada, el que le da en el cachete y parte de la boca.  El chico se muestra sorprendido y se toma la boca que comienza a sangrar. Se dispone a enfrentar a Katia, pero ella lo toma de una muñeca y le da un golpe en el brazo ,con lo cual Luis manda un aullido. Luego le da una patada en la parte superior de la pierna. Sigue con una zancadilla, con  lo cual el chico cae. Finalmente Katia lo inmoviliza manteniéndolo boca abajo y sujetándolo con el brazo estirado, torciéndoselo. Cuando Luis intentaba zafarse, ella aumentaba la presión en el brazo aumentándole el dolor.


Jorge quedó desconcertado sin saber que hacer. Sabía que Katia podría darle otra paliza como la anterior, con toda facilidad. Por otra parte, no podía dejar solo a su amigo Luis.


Katia (dirigiéndose a Berta, y todavía sujetando a Luis): ¿Qué dices? ¿Los dejamos ir? Le puedo quebrar el brazo a Luis antes. 

Berta ríe. Le dice que los deje ir. Katia suelta a Luis, diciéndole que por esta vez nada más le iba a hacer, pero si continuaba con la violencia la iba a sacar peor. Él asiente. Antes de dejarlos ir Katia les pide que prometan que no iban a seguir con la violencia. 

Terminan el incidente yendo los tres, Katia, Tomas y Berta, a tomar un jugo. A instancias de Berta, Katia le contó que había sido campeona de Chile de judo. También había aprendido algo de karate, y a boxear.

Berta era un poco más baja que Katia, atlética, tez blanca y pelo rizado castaño claro. Les contó que ella misma se había excedido con la paliza que le dio a Jorge, una semana antes. Habían sido novios, pero ella terminó la relación, porque Jorge se metía con muchas chicas estando con ella. Jorge se molestó y le dio un empujón a Berta. Ella lo increpó y le dijo que se estaba ganando una paliza. Jorge le dio un par de cachetadas y otro empujón. Berta entonces le dio una patada en el muslo y dos golpes de puño, con los que Jorge cayó. Se pudo de pie para atacarla, pero ella con su taekwondo le estuvo dando golpes hasta que cayó nuevamente. Y así siguieron, hasta que Jorge no pudo más. 

BERTA: Katia, me diste una lección. En su momento debí haber inmovilizado a Jorge como tú lo hiciste con Luis. Habría podido hacerlo, y me habría evitado darle golpes causándole tanto daño.


Se despidieron, no sin antes intercambiar correos para hacerse amigo.


HECHOS POSTERIORES


Si bien la relación ente Katia y Tomás empezó como una pasión, ambos reconocieron que se habían despertado sentimientos más profundos. Un día antes de que Katia retornara a Santiago, tuvieron una conversación y acordaron seguir la relación. 

Tomás tenía que ir a Chile al menos una vez cada dos meses, por motivos de trabajo. Se quedaba en un hotel, al cual se trasladaba Katia para dormir juntos. 

Se veían periódicamente con Isabella con quien formaron una buena amistad. 

Dos años después Tomás regresó a Chile por razone de trabajo. Él y Katia decidieron formar pareja. Con el tiempo tuvieron una hija a la que llamaron Florencia, quien resultó ser 20 años menor que Celita, la hija del primer matrimonio de Tomás. 

Con Berta siguieron amigos. Cuando ella terminó la universidad, Tomás le recibió sus antecedentes y fue contratada en la empresa de él. Cuando se casó, Tomás y Katia fueron a su matrimonio en Lima.


























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